domingo, 9 de mayo de 2010

El mercado de trabajo y sus diferentes enfoques


 

El mercado de trabajo y sus diferentes enfoques: el problema del desequilibrio


 

Los enfoques clásicos

La economía liberal clásica considera el trabajo como un factor más en el proceso de producción capitalista. No toma al trabajo como la fuerza motriz de cualquier economía, como la fuerza que produce los valores de uso que las sociedades necesitan sino que lo reduce, lo cosifica. Al aceptarse esta teoría, inmediatamente el análisis nos conduce al mercado de factores, donde la determinación del nivel de empleo va a estar dada por la interacción de la oferta y demanda de trabajo.

El pleno empleo es entonces la utopía, hacia la cual habría que caminar guiados por la mano invisible del mercado. Sin embargo, sabemos que esta mano no existe y las fuerzas del mercado no tienden al equilibrio.

Hay que recordar que este enfoque está implícito en las cuentas nacionales de los gobiernos, cuando se divide a la población en empleados y desempleados. Con los años la teoría económica ha integrado a su análisis otras categorías de acuerdo a las características de los empleos: el subempleo o el empleo precario. Esto por supuesto tiene que ver con la aceptación de una jornada laboral de ocho horas, la reglamentación de cierta protección mínima a los trabajadores y otras garantías logradas. Pero siempre el problema es un 'desajuste', algo no cuadra entre el obrero y la necesidad que tienen las empresas de su fuerza.

En esta determinación sencilla de una teoría laboral enmarcada en el análisis de mercados de competencia perfecta, quedan de lado las fluctuaciones de la demanda de los productos en las épocas de crisis económica, ante los cuales la primera respuesta de los empresarios es la reducción de la planta de trabajadores, también quedan fuera las dimensiones del poder fáctico dentro de los países y además, subestima los logros que han sido logrados por las luchas sindicales. Esto se debe a que cosifica y reduce al trabajador a un factor económico que entra y sale del proceso productivo sin alguna implicación económica y social. Además convierte a los trabajadores en competidores entre sí, en lugar de procurar la solidaridad y la cooperación dentro de la clase trabajadora y esconde la sustancia de la explotación explicada por Marx.

El enfoque de Marx es diferente. La fuerza de trabajo, no el trabajo, es una mercancía. Ésta se compra y se vende, pero es la única creadora de valor. El trabajador crea determinado valor (la mercancía) que, al realizarse (intercambiarse), le proporciona al burgués un valor en términos monetarios adicional al que el empresario ha pagado al trabajador: la plusvalía. La esencia del capitalismo es la ganancia, la generación y la acumulación de más y más valor. Esto hace que tanto el empresario como el trabajador entren en contradicción, cada uno defendiendo sus intereses. El interés del trabajador es sobrevivir puesto que no tiene medios de producción que le permitan contratar fuerza de trabajo y valorizar el dinero que invierte. Entonces trabaja, se limita a producir valores para otro y aceptar una remuneración a cambio para reproducirse materialmente él y su familia. Muchas veces su familia también es empujada a trabajar, debido a los aumentos de los precios y la rigidez de los salarios.

    El problema se da cuando llegan las crisis. A esto Marx le ha llamado crisis de subconsumo. Se da cuando la oferta de productos generados en la economía no pueden valorizarse, debido a que el consumo es menor al nivel de valores producidos. En este caso el empresario, por ajustar sus costos ante esta nueva realidad, comienza por hacer recortes, reducir jornadas, o lo que ha pasado en los últimos años, flexibilizar el mercado de trabajo. Es entonces cuando vienen los problemas de desempleo, subempleo y precariedad que hemos apuntado anteriormente.

Pese a que la teoría marxista ya había tenido su desarrollo, la teoría liberal evolucionó al marginalismo y provocó las ideas sobre la productividad del trabajo. Este enfoque permite considerar que el salario óptimo es igual a su productividad marginal. Esta visión va integrando otras variables al análisis del trabajo como la experiencia y la generación de mayores capacidades a través de la educación y el aprendizaje. Sin embargo, esta relación del obrero con la sofisticación del proceso productivo solo conduce al abaratamiento de su fuerza de trabajo.


 

Enfoques contemporáneos

Algunos autores, en la primera mitad del siglo XX, comenzaron a pensar que la educación de los trabajadores era determinante para un desplazamiento de la función de producción. Este descubrimiento es importante debido a que se logra establecer que la educación es un factor importante en el crecimiento de la economía (Carmona, 1992), lo cual permitiría mayor adaptabilidad a los cambios tecnológicos, según el enfoque evolucionista. Este enfoque es superado por Gimenez, que considera la capacidad de los trabajadores no solamente desde su incorporación a la educación formal, sino a través de un sistema holístico de generación de ventajas a los trabajadores.

Uno de los enfoques desarrollados recientemente se refieren a la dotación de `capital humano'. Éste relaciona la educación y el aprendizaje con el crecimiento económico. El concepto estudiado por Gimenez, establece dos tipos de capital humano de acuerdo a cómo se obtiene: el capital humano innato y el capital humano adquirido. Ante las brechas entre oferta y demanda de trabajo, que es lo que nos interesa, la forma de adquisición del capital humano indica el tipo de acciones necesarias por parte del Estado y por parte de los diferentes actores individuales y colectivos.

El capital humano innato es aquel que comprende aptitudes de tipo físico e intelectual, que pueden verse modificadas mediante cambios en las condiciones de alimentación y salud, mientras que el capital humano adquirido integra todas aquellas aptitudes que se generan a lo largo de la vida de las personas: educación formal, educación informal y experiencia acumulada, procesos que para las teorías contemporáneas de flexibilización laboral y 'autonomatización' (Coriat, 1993) y la necesidad de trabajadores polivalentes y multifuncionales (González, 2006), son indiscutiblemente necesarias.

Pero a la larga estas consideraciones riñen con el sistema capitalista de producción. Por un lado, porque en la lógica de minimización de costes y maximización de beneficios, un sistema puramente competitivo y libre, difícilmente puede integrar las diferentes dimensiones de libertad y capacidad humana necesarias para la realización de los trabajadores. Por otro lado, si la generación de estas condiciones (salud, capacitación por vías no formales, cultura, seguridad ciudadana, etc.) bajo la premisa de que el trabajo es una actividad realizadora del ser humano y valorizadora de la 'riqueza social' de un país, es asumida por el Estado, éste entraría rápidamente en contradicción con los intereses de las burguesías nacionales.

    Una de las reflexiones que genera el tema del capital humano es en qué medida los diferentes sectores y actores de las sociedades latinoamericanas, unas menos dotadas de capital humano que otras, puedan llegar al consenso necesario para implementar sistemas de salud, sistemas educativos y de formación profesional que promuevan una mayor productividad y, al menos teóricamente, una mayor remuneración a los trabajadores. Esta reflexión es capital cuando se conoce que un sistema productivo, una economía nacional, no decide soberanamente respecto a su estructura productiva (Neffa, s.f; Marini, 1977), este está amarrado a un sistema mundial a través de la división internacional del trabajo, y establece sus diferencias a través del poder económico y político, la generación y la difusión de la tecnología, el poder de los estados, la dotación de recursos, entre otros. Lo que hace pensar que la relación no es tan automática y que la senda trazada por ciertos países no puede ser seguida por otros, debido a su relación de conexión y dependencia. Además, la inserción de estas personas en el mercado laboral no depende solo de la oferta de trabajo, sino de su demanda. Aquí es donde entran en juego las decisiones sobre la estructura productiva de las economías y sus necesidades de mano de obra, los salarios de equilibrio, los mecanismos de poder y garantías adquiridas por los trabajadores y las trabajadoras, etc.


 

Enfoques latinoamericanos

En el continente latinoamericano destacan ciertos trabajos que surgen del debate sobre la teoría de la dependencia. Ésta busca llenar el vacío de la teoría del desarrollo convencional, por ser lineal y eurocéntrica, y deja de lado el desarrollo histórico de América Latina. Debido a los afanes imperialistas de algunos países europeos, América Latina ha sido caracterizada por la dominación y colonialismo, los vínculos dependientes a las economías centrales capitalistas se han reforzado y han cambiado de forma acorde a los patrones de acumulación mundial.

    Ruy Mauro Marini y Carlos Martins se apoyan teóricamente en categorías marxistas, las cuales son enriquecidas mediante el análisis del mercado mundial y la división internacional del trabajo.

Dentro del ciclo del capital, en la fase de adquisición de medios de producción la dependencia se hace latente a través de la adquisición y consumo de equipo, y por consiguiente, tecnología importada de los países centrales, cuya capacidad de generar adelantos técnicos ha sido estimulada por mayores inversiones públicas y privadas. Por sus riquezas naturales que desde un inicio sirvieron a las metrópolis europeas, América Latina se introduce al sistema mundial mediante la producción de materias primas, mediante Europa con la Revolución Industrial en marcha, se dedica a las manufacturas.

En la fase comercial posterior a la producción, si bien es cierto que el comercio supone el intercambio de equivalentes, el solo hecho que exista una división internacional del trabajo y la especialización productiva, permite que los países vendan sus mercancías a precios superiores a su valor, generando un intercambio desigual.

Un concepto que desarrollan estos autores ampliamente es el de superexplotación. Para comenzar, la economía latinoamericana produce para el mercado mundial, por lo tanto la capacidad de realización de su producción no depende de su capacidad de consumo. Esto no ocurre en los países centrales, en los que la poca capacidad adquisitiva de los trabajadores limitaría el consumo y por consiguiente, la realización de la producción mundial, ahí la acumulación se basa en la productividad del trabajo. Bajo esta lógica, en los países dependientes, donde los trabajadores no son productores y consumidores a la vez, la ausencia de determinado nivel de consumo del trabajador, no condiciona la realización del producto, que es enviado a los países centrales. «La tendencia natural del sistema será la de explotar al máximo la fuerza de trabajo del obrero, sin preocuparse de crear las condiciones para que éste la reponga, siempre y cuando se le pueda reemplazar mediante la incorporación de nuevos brazos al proceso productivo» (Marini). Así nace la categoría de superexplotación del trabajo.

A lo largo de la historia, el traslado de excedentes de los países dependientes a los países industrializados, se ha manifestado a través de la dependencia comercial (traslado de excedentes por la vía del intercambio desigual y la adecuación de la estructura productiva a la división internacional del trabajo), la dependencia financiera (por medio del pago de la deuda), la dependencia productiva (que es condicionada a través de los préstamos y la inversión extranjera directa) y la dependencia tecnológica (el pago de patentes y marcas y el uso de tecnologías producidas en el 'primer mundo') (Olesker, s.f).

Siguiendo este análisis, la forma que ha asumido la acumulación de capital a escala global y su apariencia en forma de globalización, ha provocado una articulación en torno a la economía estadounidense, cuyo principal motor según Olesker, es la exclusión de la mano de obra, para frenar la tendencia alcista de los salarios. Esta exclusión de la mano de obra es causa y condición de la acumulación capitalista, y reviste la forma de desempleo abierto o subempleo. Lo cual crea condiciones de fragmentación laboral y segmentación del consumo.


 

El carácter estructural y el carácter coyuntural del desequilibrio en los enfoques del mercado laboral

Los enfoques anteriormente desarrollados reflejan visiones completamente diferentes de un mismo fenómeno económico: el desequilibrio del mercado de trabajo.

La economía clásica liberal plantea que el mercado de trabajo actúa bajo el impulso de fuerzas libres que negocian una cantidad de horas de trabajo a cambio de una cantidad de dinero. Que cuando el precio es más alto o más bajo que el precio de equilibrio, no se logra vaciar el mercado y se generan brechas que se denominan 'exceso de oferta' o 'exceso de demanda'. El caso más generalizado es el exceso de oferta, que constituye la desocupación. Sin embargo, este enfoque nada aporta acerca de las razones por las que las personas entran en condiciones de desempleo. Su mayor utilidad se remite a el establecimiento de escenarios ideales que sirven de apoyo en la elaboración de modelos y la valoración de alternativas, o para conocer cómo reacciona una variable laboral ante cambios en la otra, pero no propone una explicación de las causas profundas, referidas al ámbito de producción y consumo, por las que se da este desequilibrio.

    Las conclusiones a las que llegó Marx habían exigido un análisis de mayor profundidad, ya que buscaba explicar los mecanismos con que opera la economía capitalista. Al devolverle al trabajo la importancia que merece dentro del sistema productivo, sienta las bases para un análisis más estructural de las causas de las crisis, la desocupación, los bajos salarios y la precarización de la clase obrera.

    El enfoque del capital humano realiza un análisis sobre dotación de capacidades dentro de la fuerza laboral de los países. Éste puede tomarse como un enfoque parcializado. Pretende atribuir el problema del desajuste en el mercado de trabajo a un problema de educación o adiestramiento para la producción, cuando los problemas de América Latina no son de dotación en recursos. Si bien es cierto que los obreros primermundistas, por su cercanía con las nuevas tecnologías saben adaptarse más rápidamente a los cambios, el problema del desempleo debe partir de un enfoque dialéctico, apoyado en la evidencia histórica, tal como lo plantea el último enfoque.     

    La respuesta de Mauro Marini a la pregunta por el desempleo y el descuido en materia laboral en nuestros países es la superexplotación, el intercambio desigual y la división internacional del trabajo. Lo cual constituyen sistemas que articuladamente ejercen dominación sobre la fuerza viva de la producción capitalista: los trabajadores.


 

Coyuntural

(enfoque liberal y de capital humano)

Estructural

(teoría marxista y enfoque latinoamericano de la dependencia)

Desempleo

Desde la perspectiva liberal, el desempleo es un problema de ajuste que se resuelve en términos de fuerzas de mercado. Desde el enfoque del capital humano cabe la posibilidad de pensar el desempleo como una carencia de determinadas economías o individuos de la calificación que requieren las empresas, puede permitir que se culpe a los mismos trabajadores individuales por esto.

Bajo el enfoque marxista el desempleo es inherente al sistema capitalista, está explicado por su misma esencia. El obrero debe luchar políticamente por sus demandas. Bajo el enfoque de la dependencia se visibilizan dos desempleos: el de los países centrales y el de los países periféricos

Subempleo

El subempleo tiene sentido bajo esta lógica por que ya existe una normativa laboral dentro de los países que establece salarios mínimos y jornadas laborales. Algo que logró la lucha sindical en los diferente países, pero no lo hizo la teoría económica desde la academia.

Dentro de la perspectiva marxista las consideraciones sobre el subempleo caben en la medida que se considera al salario como una relación social y la retribución a una parte nada más de la riqueza generada por el trabajador. Ya sea porque no se paga un salario determinado, o porque no se le hace trabajar jornadas completas a los trabajadores, este concepto cabe dentro de la misma explotación.

Precariedad

El trabajo precario tiene explicación teórica ahora que muchos autores están trabajando sobre la flexibilización del mercado laboral y la necesidad de un 'trabajo decente'.

La precariedad puede explicarse bajo la teoría marxista en la búsqueda por parte del capitalista de mayores tasas de ganancia, y desde el enfoque de la dependencia en la superexplotación del trabajador en las economías dependientes.


 

Las alternativas ante el desequilibrio

Los enfoques más coyunturales sobre el desempleo, subempleo y precariedad, promueven políticas de emergencia, mientras que las estructurales deben orientarse a generar más empleos productivos. Una de las alternativas que se encuentra basada en la consideración del problema del trabajo en un escenario de 'libre concurrencia' tiene que ver con la apertura de parte del Estado de agencias de colocación de empleo. Estos mecanismos nada más ayudarían a acercar a los oferentes de trabajo a la posibilidades de empleo, sin ninguna vigilancia sobre la calidad del mismo.

La certificación de los empleados y los institutos de formación profesional también pretenden bajo esta lógica acercar las calificaciones de los empleados al tipo de calificaciones que el mercado de trabajo requiere. Esto somete a los trabajadores a la libre competencia y son sus habilidades las que decidirán su futuro, haciendo caso omiso de la rigidez de los salarios y del poder del que gozan las empresas de establecer salarios bajos a pesar de la calificación de la fuerza laboral, gracias a la gran cantidad de obreros desempleados que se encuentran afuera del mercado esperando una oportunidad (EIR). Sin embargo, es una política mucho más activa que las anteriormente explicadas agencias de empleo, puesto que incide de alguna manera con el mejor aprovechamiento de las fuerzas productivas disponibles.

Posteriormente, al verse imposibilitados los gobiernos de países con economías heterogéneas como El Salvador, a tener suficiente demanda de empleo, comenzaron una campaña por aumentar el 'emprendedurismo' en la población y el autoempleo, bajo la premisa que 'uno crea su propio trabajo'.

También cabe destacar la participación del Estado a través de mecanismos macroeconómicos como la política fiscal y la regulación del gasto. Las políticas pasivas tendrían que ver con el otorgamiento de cuotas como Red Solidaria en El Salvador. Pero también está encargado de fortalecer los Ministerios y los programas de formación profesional, así como puede ejercer la política fiscal para premiar aquellos sectores y empresas con buenas políticas laborales. En el ámbito normativo es de su responsabilidad emitir leyes y fortalecer las condiciones de los trabajadores en pro de un bienestar mayor. Esta última perspectiva fue utilizada durante los años del llamado Estado de Bienestar, cuya acción en los países latinoamericanos tuvo objetivos contrainsurgentes.

Ahora, el nuevo paradigma técnico-productivo ha empujado hacia la desregulación y el Estado ha tenido un papel de defensor de los derechos de las empresas, sobre todo las transnacionales, en el sentido práctico. La inversión extranjera directa, que debería estar mejor regulada por el Estado, no es capaz de establecer requisitos de desempeño en materia laboral. Dentro de las fronteras nacionales los abusos de las empresas transnacionales son inquietantes, pero el Estado pierde cada vez más su capacidad de sancionar estas prácticas.

Desde los enfoques estructurales, sobre todo desde los enfoque latinoamericanos de la dependencia, puede esperarse una mayor participación del Estado en la garantía de los derechos laborales, debido al necesario rescate de la soberanía de los pueblos. Siempre, tendría que estar implícita una mayor calificación en el ámbito científico técnico y mayores inversiones en investigación, para poder hacer un mayor aprovechamiento de los avances técnicos y a la vez, procurar las herramientas necesarias para apropiarse del desarrollo científico. Esto nada más puede realizarse con voluntad política y el apoyo y solidaridad entre pueblos que buscan establecer sus reglas en su propia casa.

La coyuntura es difícil porque la desarticulación de los aparatos productivos y los aparatos estatales en los países ha sido nefasta, gracias a las últimas políticas de privatización, pero la toma de conciencia de la ciudadanía de Centroamérica y Sudamérica debe apoyar el esfuerzo.


 

El rol protagónico del mercado

El poder económico avanza con el objetivo de recuperar sus tasas de ganancia. Esto ocurre desde los años noventa en la mayoría de países latinoamericanos. La exclusión generada por el sistema capitalista mundial es inherente a su desarrollo y sus recurrentes crisis han provocado 'salidas' que impactan la calidad del empleo, la intensidad del empleo y la flexibilizaciones internas y externas de los mercados de trabajo de todo el mundo.


 

La flexibilidad laboral empresarial puede ser, en una primera división fundamentada en Coller, Atkinson, Strececk; interna y externa. La flexibilización externa entra en juego cuando la empresa, para adaptarse a las fluctuaciones de la demanda, debe echar mano de la subcontratación a otras empresas. Por otro lado, cuando los directivos de las empresas deciden "formar a su personal para la adaptabilidad y la polivalencia" [González, 2006], estamos hablando de la flexibilidad interna.

    También existe otra división defendida por Atkinson y otros. Esta define la flexibilidad numérica como aquella capacidad de la empresa para maniobrar con el número de trabajadores, la intensidad del trabajo o el número de horas laborales que incorpora la unidad a la producción para lograr el óptimo; y la flexibilidad funcional que se refiere a la adaptabilidad interna en la organización empresarial, la calificación y polifuncionalidad de los trabajadores, con el fin de abastecer el mercado de la forma más efectiva posible.

    Boyer asume la flexibilidad interna como aquellas diferentes modalidades en la relación salarial y los aspectos de la capacidad del trabajo, como la polifuncionalidad, el uso de tecnologías, el trabajo en equipo y el otorgamiento de mayor poder de decisión a los obreros. Para este autor, la flexibilidad externa es referida nada más a aquellos aspectos vinculados a los ajustes del mercado.

     Tanto unos como otros enfoques de la flexibilidad tratan el tema con la preocupación de disminuir los costos laborales, por la vía de la intensificación de la jornada laboral (hacer más en determinado tiempo) o por la incorporación de trabajo cualitativamente diferente. Además, los ajustes y desregulaciones en términos laboral-jurídicos tienen ese objetivo directo, como un incentivo a las empresas, y según se plantea desde los países dependientes, a la inversión extranjera.

También hay que destacar, desde un punto de vista teórico, la teoría de la ventaja competitiva porteriana que apunta, para empezar, a desvincularse de la teoría laboral del valor, indicando que en cualquier parte de la cadena ciertos vínculos relacionales y ciertas prácticas administrativas crean valor. Además, es una justificación para la deslocalización de ciertos eslabones de la cadena productiva de las empresas transnacionales, asegurando el aprovechamiento de los recursos naturales y laborales de los países empobrecidos.

En El Salvador existe un ejemplo tangible. La empresa atunera CALVO, española, vulnera los derechos laborales de las personas que trabajan en su planta, en las costas de La Unión. La mayoría de trabajadoras son mujeres, se les restringe el acceso al servicio sanitario; las largas jornadas que se realizan; se permite la sindicalización, pero la empresa promovió un sindicato proempresarial y cuando las trabajadoras y trabajadores no se sintieron representados y crearon su sindicato alternativo han sido hostigados; hace poco también ha sido conocida un caso de intoxicación masiva por mal uso de líquidos para limpieza de la maquinaria; se utiliza la máquina de detección de mentiras de manera masiva, entre otros. Esto contrasta con el respeto que le otorgan a los derechos laborales en sus establecimientos en España.

Además pueden rescatarse los Centros de Llamada, que operan desde los edificios salvadoreños donde antes se encontraban las empresas públicas, contratando a jóvenes en horarios rotativos, lo cual no permite que ellos puedan seguir estudiando una carrera universitaria o técnica. Dichos jóvenes, por el mismo desajuste en el mercado de trabajo, trabajan por bajos salarios sin respeto a sus derechos de horas extras, de forma intensiva, con permisos de quince minutos para almorzar y cinco minutos para levantarse al servicio sanitario.

Estos casos evidencian lo que la teoría sobre la flexibilización laboral argumenta.


 

Desarrollo dependiente y precarización del trabajo en la fase actual de la economía mundial


 

Analice críticamente la siguiente afirmación sobre los impactos de la globalización neoliberal sobre el mercado de trabajo:


 

«El actual patrón de acumulación de capital dependiente neoliberal-exportador abre de par en par sus fronteras económicas al capital internacional en un marco de desmantelamiento del fordismo y del Estado keynesiano. La superexplotación del trabajo articula los paradigmas del trabajo en el capitalismo mundializado. La consecuencia de esto es el aumento del desempleo y la competencia inter-obrera en todo el mundo y la extensión de la precarización, de la superexplotación del trabajo y la exclusión social»


 

Un verdadero cambio, un cambio profundo, denota una crisis. Duménil y Levy [2004] aseguran que la causa de la crisis de los años setenta, la misma que produjo la aparición del neoliberalismo, fue el descenso de la tasa de ganancia. Esta crisis, a su vez, propició el ajuste, la salida de crisis, con implicaciones en términos de empleo: "la enorme ola de desocupación que aumentó durante la segunda mitad de los años setentas, constituyó una poderosa palanca para la retoma del control del costo de trabajo".

Dicha crisis trató de contrarrestarse en los países centrales a través de extracción de mayor plusvalía relativa con la ayuda de nuevos métodos productivos derivados de la tercera revolución científico-técnica. Los nuevos descubrimientos técnicos trasladaron los ejes de acumulación hacia la biotecnología, las tecnologías de la información, nuevos materiales, robótica, etc., impulsando mayor crecimiento.

    En los países dependientes esta situación evidencia una mayor precarización debido a que el uso de las nuevas tecnologías es casi nimio, por lo tanto la extracción de plusvalía relativa no puede ser liderada por la incorporación de tecnología de punta, sino por la superexplotación del trabajo [Martins, 1999].

    La regulación por parte del estado se ha desmontado y la "rigidez" otorgada por los contratos laborales a largo plazo, que garantizan la estabilidad de los trabajadores, se ha intercambiado por esquemas de flexibilidad y polivalencia. Anteriormente el Estado de Bienestar fue una institución creada con el fin de que la sociedad realice las necesidades del capital en materia de consumo. Esta capacidad para consumir había sido socavada por la crisis económica de 1929. Ante esto, se procuró establecer una relación directa entre el salario nominal y el costo de la vida, para garantizar el consumo de los asalariados y la consecuente realización de la producción industrial capitalista. Además, el salario mensual estuvo apoyado por prestaciones sociales e instituciones jurídicas que garantizaron la reproducción de la fuerza de trabajo [Milano, 1997]. La sindicalización y la negociación colectiva fueron modalidades legítimas y reconocidas para esta época y una fuerza determinante en el logro de las garantías.

    La superexplotación es un concepto vigente pues la debilidad de los Estados de los países empobrecidos y el poder de las empresas transnacionales como órganos supranacionales permiten un aprovechamiento de la fuerza laboral mediante salarios bajísimos e impensables en los países centrales —este fenómeno se expresa a la aprobación por parte de los Estado de tratados bilaterales de comercio y la firma de acuerdos supranacionales que compromete la estructura de sus economías puesto que se encuentran por encima de la ley secundaria de los países— a pesar de que los patrones de consumo, por los procesos culturales que se viven en la llamada globalización, permiten ahora cierto consumo que antes era propio de los trabajadores primermundistas y las elites tercermundistas. Las privatizaciones, cuyos actores son empresas transnacionales que llegan a los países a prestar servicios que antes eran públicos, han encarecido la canasta básica y la canasta de mercado. La telefonía, la distribución eléctrica y ahora el comercio al detalle ejercido por cadenas transnacionales como Wal Mart, ejercen una presión en los precios y hacia la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. En el siguiente cuadro se evidencia el poder económico de las transnacionales, cuyas ventas superan el PIB de muchos países:


 

Tomado de: Hernández Zubizarreta, Juan. Las empresas transnacionales frente a los derechos humanos. La historia de una asimetría normativa. OMAL/Asociación Paz con Dignidad. España, 2009.

    Según Hernández Zubizarreta solamente Wal Mart, que se dedica al comercio minorista y es una de las firmas con varios supermercados en El Salvador, tuvo un ritmo de crecimiento de 111.6% entre los años 2006 y 2007.

Los efectos, sin embargo no solo han sido nocivos para los países dependientes, los efectos de la última manifestación de la crisis en el año 2008, han demostrado para este año la evolución de tasas de desempleo de hasta dos dígitos en países europeos. Duménil y Diego Guerrero han documentado la evolución de los salarios en los países centrales. Para marzo del año 2010, el desempleo en España supera el 18% (Valle Baeza, 2010).

A manera de conclusión

El trabajo es el único factor económico creador de valor. El aumento de trabajo muerto que los medios de producción y las materias primas trasladan a las mercancías plantea problemas de sostenibilidad del sistema tanto para trabajadores como para los capitalistas mismos. Asimismo la actividad de las transnacionales en los países del sur, explotando los recursos minerales, naturales y explotando también a los trabajadores 'ercermundistas' exigen la incorporación de diversos tipos de

    Dentro de los enfoques estudiados hay varios maneras de paliar la situación y manejar desde los Estados las variables laborales, sanitarias y educacionales de manera de procurar una vida digna para nuestros países, sin embargo, es conveniente evaluar la sostenibilidad a largo plazo de estas políticas.

    Además, es necesario rescatar la soberanía nacional y restaurar el poder de los pueblos no desde una perspectiva jerárquica y de la democracia representativa, sino a partir de una democracia real y participativa.


 


 


 


 

Referencias Bibliográficas


 

  1. Instituto Cuesta Duarte. "Manual de Economía", capítulo de Economía Laboral.


 

  1. Neffa, Julio C. "Crisis y emergencia de Nuevos Modelos Productivos", CEIL/PIETTE, Argentina.


 

  1. Marx, C. Trabajo Asalariado y Capital.


 

  1. Marini, Ruy Mauro. "El concepto de trabajo productivo", Nota metodológica.


 

  1. Marini, Ruy Mauro. "Ciclo de capital y sus formas en las Economías dependientes".


     

  2. Marini, Ruy Mauro. "Dialéctica de la dependencia".


     

  3. Martins, Carlos Eduardo. "Superexploração do trabalho e acumulação de capital: reflexões teórico-metodológicas para uma economia política da dependência".


 

  1. Olesker, Daniel. "Las formas nuevas y viejas de la explotación de la fuerza de trabajo y las formas nuevas y viejas de organización de la clase trabajadora".


 

  1. Ramos, Carlos Alberto. "Las políticas de empleo en los países del MERCOSUR, 1990 – 2003 El caso de Brasil".


 

  1. Notaro, Jorge. "Las políticas de empleo en los países del MERCOSUR, 1990 – 2003 El caso de Uruguay".


 

  1. Lanari, María Estela. "Las políticas de empleo en los países del MERCOSUR, 1990 – 2003 El caso de Argentina".


 

  1. Sotelo Valencia, Adrián. "Flexibilidad regresiva y tendencias del trabajo en la mundialización del capital", REDEM.


 

  1. Olesker, Daniel; Azar, Paola. "La precarización laboral como concepto y su desarrollo en el Uruguay de los 90".


 

  1. González, María Candelaria. "Flexibilización de las relaciones laborales: una mirada teórica posfordista".


     

  2. Yañez, Sonia. "Consideraciones sobre flexibilidad laboral planteadas desde una mirada de género".


 


 

  1. Rodríguez, Juan Manuel. "Algunas alternativas de políticas de empleo en países desarrollados", capítulos I y II.


     

  2. Instituto Cuesta Duarte. "Políticas Activas de empleo: propuesta para transformar el mercado de trabajo" ICD-PIT-CNT Uruguay.


     

  3. Carmona, Antonio Miguel, Economía e Innovación. España, Biblioteca Universitaria, 1992.


     

  4. Gímenez, Gregorio. La dotación de capital humano en América Latina. Chile, CEPAL, 2005.


     

  5. Coriat, Benjamín. Pensar al revés. Trabajo y organización en la empresa japonesa. Siglo XXI editores.


     

  6. Hernández Zubizarreta, Juan. Las empresas transnacionales frente a los derechos humanos. La historia de una asimetría normativa. OMAL/Asociación Paz con Dignidad. España, 2009.


 

  1. Valle Baeza, Alejandro. Tomado de: http://crisis-economica.blogspot.com/2010/03/el-desempleo-en-espana-continuara.html


     


 


 

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